Como vecino de la calle Mosconi, y afectado por la penosa situación del transito de camiones y la contaminación, convencido de que es digno y casi inevitable el deber de participar por la vida junto a los vecinos y amigos , me convertí de pronto en un militante activo, y de tanta reunión con autoridades, y de tanta cháchara , de ir y venir , de panfletear, de informarme e informar, de estrechar manos para cortar el transito de una calle, de tanto planear y de tanto putear, llegué a casa cansado y me dormí.
Tuve un sueño al que denomine ‘La historia actual’, y que quiero compartir con ustedes.
Soñé que la batalla de San Lorenzo, la de San Martín y sus granaderos, se desarrollaba un tres de febrero, pero del 2005. Por supuesto que el coronel llegó a nuestra querida ciudad 3 días antes siguiendo desde tierra a los españoles que venían saqueando por todo el cordón industrial, compraban cereal en negro, atacaban los cajeros automáticos , compraban bancos que estaban por quebrar y otros chanchullos.
Al llegar, el coronel San Martín se reunió con las autoridades municipales, ejecutivo y concejales, quienes le comunicaron que lamentablemente no podrían ayudarlo mucho, ya que estaban empeñados en construir una ciudad industrial y Repsol era la empresa española mas importante en la zona, y no era su intención enfrentarse con ellos, pero que alguna manito le iban a dar.
Y así fue que lo enviaron al convento, donde estaba la tropa, es decir, 100 personas de los planes jefas y jefes, “para lo que el coronel guste mandar”, y colaboraron con chaquetas y morriones para los granaderos, eso sí ,con la inscripción “esta chaqueta la cuidan usted y Petrobras”. Para colmo de males el encargado de los caballos le informa al coronel, que los mismos habían estado pastando cerca de una cerealera, y murieron intoxicados con órganos clorados y fosforados. “Qué mala suerte”, dijo el general, “ y ahora, ¿qué hago?, ¿con qué ataco?
Cuando desembarcaron, ya tenia conocimiento por un pescador que los españoles se acercaban y que conocían lo acontecido a los caballos de los granaderos gracias a un llamado que se hizo desde una mansión costanera de un importante político, gremialista y empresario que vino a vivir a la zona procedente de Puerto San Martín y que no quería líos con los gallegos, aparezco yo en escena con un grupo de vecinos y le entregamos al coronel valiosa información.
3 de febrero, ‘Febo asoma…’ desembarcan cancheros los gaitas, al viento desplegado su rojo pabellón, cuando de pronto una lluvia de pastillas de photoxin les cae encima y los envenena en el acto, San Martín no se cae del caballo, el sargento Cabral sigue vivo y se vuelve a Corrientes para ayudar a sus paisanos que cortaron el paso en el puente Belgrano, y nosotros nos abrazábamos con San Martín y festejábamos izando la bandera celeste y blanca, mientras en una gran hoguera quemábamos las chaquetas y los morriones que habían regalado desde el municipio.
Me desperté, tomé unos mates, preparé unos volantes y salí a la calle, mientras me dije: “Soñar no cuesta nada”.
(Un vecino de San Lorenzo)
domingo, 31 de agosto de 2008
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